Últimamente se habla mucho de competitividad. Casi en exceso. Todos los políticos la utilizan en sus discursos y todas las empresas la incorporan en sus planes estratégicos. También se habla mucho de mejora. Y generalmente con el “apellido” continua como colofón a un plan perfectamente trazado por la alta dirección de una compañía.

Sin embargo se habla poco de humildad. Parece que “viste” más decir que eres competitivo, que decir que eres humilde. ¿Son términos reñidos?  ¿Acaso son complementarios?

Tengo la tentación de agarrarme a un ejemplo futbolístico que lo ilustraría bastante bien, pero me da algo de pereza. El partido que llaman Clásico (para un servidor siempre será el Real Zaragoza – C.D. Numancia) está a la vuelta de la esquina y si cito a Mourinho y a Guardiola tal vez alguno no siga leyendo. Por ello, añadiré a lista al bueno de Del Bosque.  ¿A qué os suenan?

Bien utilizada la humildad es una herramienta muy potente. Los grandes líderes son humildes, y esa humildad les ayuda a continuar aprendiendo permanentemente, a mantenerse alerta ante la continua evolución y cambio permanente del entorno. Aquellos que pierden la perspectiva, su perspectiva, terminan por ver una realidad distorsionada, y utilizan la soberbia y la prepotencia como ingredientes en su trabajo diario. Y eso, amigos, es muy peligroso.

Estamos viviendo unos momentos únicos, históricos, con unos condicionantes económicos, sociales y políticos nunca antes conocidos. Hace años me dijeron que existen los ciclos económicos. Y lo llegué a entender. Sin embargo, esto no es un ciclo, es un ciclón. Un ciclón que se están llevando por delante todas las recetas tradicionales de actuación ante situaciones repetidas.

Os estaréis preguntando que tendrá que ver esto último con la humildad. Pues en mi opinión todo. Es la única herramienta que ahora mismo podemos aplicar para superar la situación que atravesamos. Aceptar de una vez los errores que, todos, hemos cometido durante tantos años y estar dispuestos a buscar la ayuda y el consenso en todas las medidas y decisiones a tomar de aquí en adelante. La soberbia, que tan de “moda” ha estado en los líderes del pasado, debe dejar paso a la humildad.

No terminaré sin retomar asuntos futbolísticos. A estas altura de la reflexión y tomando el futbol como referencia, creo que ha quedado más que claro que humildad y competitividad son dos ingredientes tan complementarios como necesarios. Nadie duda de la competitividad de Mourinho, como tampoco nadie lo hace de su arrogancia. Es un ganador incuestionable, un líder, al que sólo quieren los suyos. Y eso, hoy, no es suficiente. Guardiola parece humilde, pero en mi opinión, su estilo de liderazgo no es tan distinto al del actual entrenador blanco. Eso sí, le “salvan” y le avalan sus formas, y hasta el momento la victoria. Sin embargo, al que nadie cuestiona es, y repito la expresión, al bueno de “Del Bosque”. Con semejante palmarés nadie podrá dudar de su competitividad, y con una trayectoria inmaculada, su humildad debería ser ejemplo para líderes políticos y empresariales. ¡Necesitamos el espíritu de La Roja!

NOTA: Artículo publicado en El periódico de Aragón (3/12/11)