“No hay virtud más eminente, que el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer. Cuando es simple la intención, no nos asombran las cosas ni en su mayor perfección…”. Con estos maravillosos versos inicia José María Pemán su poema.

En estos tiempos convulsos donde la Justicia, con mayúsculas, es portada de periódicos y telediarios, por casos que van desde el regalo de unos trajes, hasta la presunta utilización de una boda real en una trama de desvío de fondos a paraísos fiscales, me surge la gran pregunta: ¿Por qué las personas no hacemos lo que tenemos que hacer? Parece una pregunta demasiado simple como para ocupar las líneas de un artículo de opinión. Hay quien lo atribuye a la  ingenuidad, pero que queréis que os diga, creo en la ingenuidad de los niños… y en ocasiones de las personas mayores, que evocando sus primeros años, no quieren asumir el inevitable paso del tiempo. Dicen que de pequeños todos somos excelentes, geniales, y que con el paso de los años, tratando de imitar comportamientos y actitudes de nuestros mayores, esos a los que erróneamente idolatramos, nos convertimos en seres del montón, mediocres. ¡Qué lástima!

Por eso desde estas líneas, quiero aprovechar para defender dos valores muy olvidados en la sociedad actual: la justicia y la excelencia.

La justicia entendida como un compromiso individual de cada persona, respetándose a sí misma, a los demás y responsabilizándose de sus acciones. En definitiva, como decía el poeta “…el hacer sencillamente lo que tenemos que hacer”. ¿No suena bien? ¿No parece
sencillo? Os aseguro que es la mejor medicina para conciliar el sueño cada noche.

Y la excelencia, entendida como un objetivo por el que luchar en nuestro trabajo, en nuestros proyectos, en nuestras relaciones personales,..  En definitiva, en nuestra vida. Sumidos como estamos en la cultura de la mediocridad, aspirar a hacer las cosas bien, de manera excelente, es la mejor motivación para continuar aprendiendo cada día.

Tal vez resulten reflexiones un tanto filosóficas, pero muy fáciles de poner en práctica desde el mismo momento en que termines de leer estas líneas. ¿A qué estás esperando?

NOTA: Artículo publicado en El Periódico de Aragón (5 de febrero de 2012)