Llevamos meses inundados por el pesimismo y la desilusión. Dicen que nuestro país atraviesa por una de las peores crisis de la historia, y tenemos la sensación de que nos queda aún una larga travesía por recorrer. Y sin embargo, desde estas líneas, me atrevería a decir que hoy ya no estamos en crisis. Sí, sí, están leyendo bien.
Después de unos años de gran crecimiento, llegamos al año 2008, y como la crónica de una muerte anunciada, toda la estructura económica y empresarial de nuestro país empezó a desmoronarse. Todos intuíamos que esto podía pasar, pero ninguno nos atrevíamos a asumirlo. Pues bien, tras 3 años plagados de noticias de destrucción de empleo, de cierre de grandes compañías, y más recientemente, de promesas de los distintos partidos políticos de recetas mágicas para dar a España el empujón que necesita, me atrevo a decir, que ahora, más que nunca es la hora de los emprendedores. No nos engañemos, el estado y los gobiernos no crean empleo, las grandes compañías han reducido sus plantillas significativamente, y España lleva muchos años perdiendo el tren frente a los países que nos rodean. Todas las estadísticas nos sitúan en el vagón de cola de la productividad y de la innovación.
¿Por qué afirmar, por tanto, que ya no estamos en crisis? Nuestra naturaleza nos hace ser victimistas, quejosos y pocas veces enfrentarnos activamente a la situación que vivimos. El marco económico y social ha cambiado, y debemos asumir que lo que estamos viviendo no es tan coyuntural como nos pretenden hacer ver. Hemos de acostumbrarnos a esta realidad, y ponernos a trabajar activamente. Los lamentos sirven para poco. Mejor dicho, para nada. Y en todo esto, las personas que más valor pueden aportar a la sociedad son los emprendedores. Personas entusiastas, soñadoras e involucradas en unos objetivos de desarrollo, de creación de empleo. Lo racional, que hasta la fecha, venía marcando las decisiones, está dejando paso a lo emocional. Y las emociones, esas grandes olvidadas durante los años de bonanza, son las que hacen que las personas demos lo mejor de nosotros mismos. Perdamos el miedo, liberemos nuestras emociones, y otorguémosles a todos los emprendedores el papel protagonista que demandan.

Dicen los expertos, que los emprendedores se enfrentan mejor a esto que aún llaman crisis. ¿Sabéis por qué? Porque un emprendedor crea cada día, se reinventa cada minuto y lleva la innovación por bandera. Sólo siguiendo sus recetas y apostando por sus iniciativas, veremos pronto verdaderos “brotes verdes”.